Las crónicas del maquis sin paradero

 

La Crónica de León, con motivo del 75 aniversario del estallido de la Guerra Civil, ofreció, entre el 10 y el 14 de julio de 2011, un documento excepcional. Se trata de un infome interno del Partido Comunista de España sobre uno de los personajes más legendarios de la lucha antifranquista en León: el maquis Manuel Ramos Rueda. La importancia del texto, además de por su relevancia histórica sobre uno de los actores más misteriosos del aquel periodo, radica en el hecho de que está escrito por él mismo. Ramos relata en primera persona sus actuaciones en la provincia de León desde su entrada a España desde Francia en verano de 1945 hasta su nueva huida al país vecino en octubre de 1948. Después de esa fecha, el silencio absoluto, hasta el punto de que su paradero sigue siendo el enigma más persistente de la posguerra en León.

 

El documento, que se ofreció íntegramente en cinco entregas, forma parte del Archivo Histórico del Partido Comunista en Madrid. Se trata de siete páginas escritas a máquina, microfilmadas y, en ocasiones, de muy difícil lectura, por lo que se anotarán las dudas de legibilidad apreciadas en el texto para no desvirtuarlo.

 

'El Ramos', 'El Coyote'o 'El Patatas' son algunos de los alias de este hombre que nació en la localidad leonesa de Santa Lucía de Gordón en 1916 en el seno de una familia de jornaleros. Minero en la cuenca de Sabero-Cistierna, su compromiso anarquista como militante de la CNT y su carácter impulsivo y temerario le llevaron a la cárcel de Riaño en los convulsos años 30, con sólo 18 años. Al inicio de la guerra civil, en julio de e1936, se integra en el frente republicano establecido entre León y Asturias y se enrola en el Batallón 206, constituido fundamentalmente por anarquistas leoneses y mandado por el secretario provincicial de la CNT, Laurentino Tejerina. Ramos llegaría a ser teniente de la Tercera Compañía.

 

Con el fin de la contienda, en abril de 1939, pasa a Francia y, posiblemente, atraviesa por las penurias del resto de los exiliados republicanos. Tras el inicio de la II Guerra Mundial, en septiembre de 1939, casi sin solución de continuidad, se embarca, también como muchos exiliados españoles, en la lucha contra la ocupación nazi a través de la Resistencia. Los historiadores sitúan en ese momento su paso al Partido Comunista de España (PCE) en el exilio.

 

Es esta formación, como acredita la documentación que se aporta, la que envía a Ramos a León para aglutinar a las guerrillas que actuaban en el norte de la provincia. Hay que tener en cuenta que las incursiones del PCE en España desde suelo francés fueron constantes durante toda la dictadura franquista. La más célebre fue el intento de invasión por el valle de Arán, que terminó en un rotundo fracaso en el verano de 1944, una vez que Francia se liberó de Hitler. También hay que tener presente que el periodo de regreso de Ramos a León (1945-1948) coincide con el momento en el que aún se  mantenía la esperanza de una intervención aliada en España tras la derrota del fascismo en Europa. El hecho de que no fuera así marcó, como se sabe, el destino de España, un país amordazado pero mucho más hastiado de la guerra de lo que los comunistas creían.

 

Manuel Ramos tampoco fue ajeno a ello en su incursión de tres años en León. No logró sus objetivos. La guerrilla del norte de León le dio la espalda, más preocupada de sobrevivir que de cualquier otra táctica, y tuvo que enfrentarse casi en solitario al aparato franquista. Montó en la ciudad de León una incipiente guerrilla urbana y emprendió una serie de actuaciones entre audaces y deseperadas que acabaron convirtiéndole en el enemigo público número uno para las fuerzas policiales y en un mito para los contrarios  al franquismo.

 

De hecho, en los tribunales militares sigue habiendo más de una decena de causas abiertas contra él por sus actividades entre octubre de 1946 y agosto de 1948 en León. Robos, distribución del periódico clandestino 'Lucha', atentados a policías, atracos a personajes destacados como al exalcalde de León Francisco Roa de la Vega, sabotajes... Un compendio que mezcla la lucha clandestina y la "violencia inútil", como la califica el historiador Secundino Serrano. Las diligencias abiertas también citan su acción más sonada: el atraco de la zapatería La Revoltosa, cuya tienda aún sigue abierta en la calle de La Rúa de León, y la muerte de un disparo de su propietario, Emilio Prieto Malagón, al que se refiere Manuel Ramos en su informe. Precisamente, después de esa operación es cuando Ramos decide huir de nuevo a Francia dejando tras de sí un rastro de sangre y de misterio que aún perdura.

 

Daniel Álvarez de la Torre © 

 

Paso a España.

Manuel Ramos relata en la primera entrega su,  como el mismo define, "paso a España". No cita la fecha , pero por la documentación que obra en el Tribunal Militar de Barcelona, este hecho se produjo en verano de 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial ya se daba por concluida. Ramos entró en España desde el sur de Francia por Cataluña haciéndose pasar por un argentino llamado Pedro Gabarrús. Fue detenido por una patrulla militar que custodiaba la fronterta y, según su propio testimonio, fue torturado para obtener información. El propio Ramos explica que declaró que su entrada en España obedecía al objetivo de "sumarse a un movimiento que se tenía que producir".

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La fuga.

Manuel Ramos cuenta en esta segunda entrega su sorprendente fuga de la cárcel de Barcelona, en la que fue recluido tgras su detención nada más entrar en España desde Francia. Una vez en León, da cuenta de la existencia de grupos guerrilleros en el norte de la provincia con los que contacta sin excesivo éxito. También queda patente la precaria situación en la que se encuentra la oposición al franquismo centrada en el Partido Comunista, que mantiene una endeble red clandestina. Una situación difícil en la que la violencia tiene una presencia absoluta. Ramos cita a Secundino Rodríguez, cabecilla del secuestro y muerte del ingeniero Emilio Zapico Arriola, por el que fue ejecutado en 1947.

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Organización del Partido.

La tercera entrega de Manuel Ramos da cuenta de uno de los aspectos más desconocidos de su estancia en León. Se trata de la edición de un 'periódico' clandestino llamado 'Lucha', del que en 2011 se ofreció, por primera vez, la reproducción de dos de sus ejemplares. Según Ramos se llegaron a tirar tres números de entre 3.000 y 4.000 ejemplares cada uno, lo cual, dados los medios de que disponía, parece una exageración. La rocambolesca forma de hacerse con el material para editarlo y su peculiar distrubución son, nuevamente, propios de un guión de cine. Ramos también habla de varios sabotajes perpetrados por él, uno de ellos con motivo de una visita de Franco a Asturias.

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Acciones.

Ramos cuenta en su informe para el PC las acciones que llevó a cabo en León. Si todo su relato está plagado de violencia, esta cuarta entrega muestra en toda su crudeza la cara más trágica de su misión en la provincia. Asesinatos de falangistas, ajustes de cuentas, atracos a mano armada, víctimas colaterales, ataques a las fuerzas del orden, extorsiones para obtener dinero.... todo un compendio de acciones de un grupo de hombres para los que la guerra aún no había terminado. Posiblemente no estén todas las actuaciones que le atrubuyó la policía franquista, pero son suficientes para entender porqué Ramos de granjeó el calificativo de enemigo público número uno. 

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Caídas.

En su última entrega, Ramos hace balance de las caídas en el bando opositor al franquismo, muchas de las cuales se produjeron a consecuancia de la agitación que él mismo ocasionó. Sus últimos pasos en la provincia son también objeto del informe para el PC, así como la forma en que volvió a pasar a Francia después del atraco y muerte del propietario de La Revoltosa y el atentado a un policía local de León. Da la fecha, la hora y el punto exacto por el que cruzó la frontera, momento en el que se perdió para siempre su pista. A las 6 de ma mañana del 4 de octubre de 1948 entró en la localidad francesa de Urepel, en el límite con Navarra. Le siguió un misterio que aún perdura. 

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daniel alvatorre