Las causas pendientes de Ramos (6)


Terror en el ultramarinos, pánico en la pradera

Hacia las 20,15 horas del 12 de febrero de 1948, Constantino Gutiérrez y Doroteo García se encontraban cerrando la tienda de comestibles en la que trabajaban como dependientes. El primero era sobrino de la dueña, María Gutiérrez, que procedente de la localidad de Aralla, había abierto el ultramarinos en el número 12 de la calle Santiesteban y Osorio de León, a pocos metros del domicilio familiar. Los dos dependientes estaban esperando la llegada de Gregorio Barbolla, un amigo común, con el que solían ir “de paseo” por León a la salida del trabajo. Pero quien entró en el establecimiento cuando las trapas ya estaban medio echadas fue un hombre desconocido de “gabardina tipo inglés color claro” y que ya había pasado por la tienda media hora antes para comprar un cuarto de kilo de caramelos.

Antes de que pudieran decir nada, el individuo les entregó un papel mecanografiado en el que se pedía un “donativo” de 15.000 pesetas para “La Resistencia”. El pasmo de los dependientes se tornó en pánico cuando el individuo profirió estas palabras: “Bueno ya está bien, yo soy El Ramos” y mostró una “pistola grande” que llevaba en el cinto, al tiempo que empuñaba otra en el bolsillo de la gabardina. Fue el inoportuno momento elegido por Gregorio Barbolla para entrar en el ultramarinos a buscar a sus amigos.

La causa 85/48 abierta contra el ya identificado Manuel Ramos por “atraco a mano armada” continúa señalando que uno de los dependientes, Constantino Gutiérrez, fue esposado por el “bandolero huido” a su amigo Gregorio Barbolla. Le entregó la llave a Doroteo García. Ramos hurgó en el mostrador y encontró una caja de acero en la que halló una cantidad de dinero que, sumada a la que había en caja registradora, le reportó un total de 7.600 pesetas. Acto seguido, extendió un recibo “para salvar la responsabilidad” de los dependientes. Este recibo aún se conserva entre los legajos del Archivo Militar de El Ferrol y literalmente dice:

“He recibido la cantidad de 7.600 pesetas y para que conste firmo el presente en León 12-2-48. M Ramos”

No le pareció suficiente botín a Manuel Ramos y planeó que los tres retenidos, todos ellos solteros y con edades comprendidas entre los 26 y los 28 años, le acompañaran al domicilio de los dueños de la tienda, situada en el número 11 de la misma calle. Pero, en ese momento, entró el hijo de la propietaria, Joaquín Fernández Gutiérrez, al que el atracador requirió más dinero, alegando que necesitaba reunir 20.000 pesetas. El hijo de la dueña propuso desplazarse a un almacén contiguo al que se dirigieron los cinco y donde Ramos recibió otras 3.000 pesetas, lo que hizo un total de 10.600 pesetas.

Antes de huir, Ramos Rueda liberó a los dos esposados, pero se llevó al dependiente Doroteo García, con la advertencia de que lo mataría si alguno salía a la calle antes de su regreso. Cruzaron la plaza de la República Argentina [Pícara Justina], enfilaron la calle Villafranca y, a la altura del Bar X, en la esquina con Ordoño II, Ramos quiso convidar al rehén “a tomar lo que quisiera, cosa que el compareciente no aceptó”. A las 22 horas de ese día, 12 de febrero de 1948, Joaquín Fernández Gutiérrez, soltero de 26 años e hijo de la dueña del ultramarinos situado en el número 12 de Santiesteban y Osorio, se personó en la Comisaría del Cuerpo General de Policía de León para denunciar un atraco.

Intento de atraco en Alija de la Ribera

El intento de atraco presuntamente perpetrado por Manuel Ramos en agosto de 1948, a 10 kilómetros al sur de la ciudad de León, en Alija de la Ribera, sería un caso similar a otros ya relatados a no ser por ciertos detalles surrealistas con amago de tragedia para tres niños de 3, 7 y 15 años.

La causa 402/48 se abre con la denuncia presentada ante cuartel de la Guadia Civil de Palanquinos del vecino de Alija de la Ribera Aureliano Pérez Pérez, labrador de 30 años, que a las 15,00 horas de 22 de agosto de 1948 declara ante los agentes haber sido objeto de un intento de atraco. Los hechos se sucedieron sobre las 22,00 horas del día anterior, cuando un individuo todavía desconocido llamó a su puerta precedido de un vecino del pueblo, Enrique Álvarez Blanco. En esta ocasión, el atracador se hizo pasar por policía y entregó a la víctima una supuesta multa de 15.000 pesetas que tenía que pagarle. El labrador empujó al ‘recaudador’ y cerró la puerta, a lo que éste respondió con varios disparos hacia la casa. Los vecinos del pueblo hicieron sonar las campanas de la iglesia, provocando la huida del individuo armado en dirección a Marialba y León, mientras gritaba: “Te tiene que pesar”.

En este punto, las diligencias incluyen la declaración de Marcelino Martínez Ibán, carpintero de 26 años, natural de Mancilleros, que a las 21,30 horas del 21 de agosto de 1948, regresaba a su pueblo en bicicleta después de haber terminado su jornada laboral en Castrillo de la Ribera. En su testimonio, señala que, 200 metros antes de llegar a Alija, le abordó un individuo y le hizo parar dándole un recado para Aureliano Pérez, la víctima frustrada del atraco, para decirle, “de parte de Ramos”, que le iba “a pegar cinco tiros” y que, “si no podía vengarse así que le volaría la casa con dinamita”. Acto seguido, para demostrar que “no iba descalzo”, Ramos le prestó su linterna de petaca para que le alumbrara, efectuó “entre ocho y diez disparos en dirección a Alija” con tres pistolas diferentes y le dejó seguir su camino. Cuando Marcelino Martínez llegó a Alija de la Ribera se encontró al pueblo “alarmado por los disparos efectuados y por el volteo de las campanas que tocaban en aquel momento”.

La Guardia Civil enseñó una fotografía del supuesto atracador ya identificado tanto a la víctima del robo fallido como al vecino que acompañó a Ramos a su casa. Pero ninguno de los dos aseguró que fuera él.

Otro testimonio ante la Guardia Civil dio un giro final al ya de por sí extraño caso. El mismo paisano que se zafó de esta supuesta nueva acción de Ramos, Aureliano Pérez, acompañado de otro vecino de Alija, se personó a las 20,30 del 23 de agosto de 1948 en el cuartel de Palanquinos para denunciar la aparición, en las proximidades de su casa, de una bomba de piña. La granada, con la palanca de seguridad levantada y sin anilla, fue encontrada por unos niños que llegaron a cogerla para jugar y a golpearla con un palo.

En el momento de la declaración, la bomba seguía en el paraje en el que fue hallada, custodiada por los vecinos del pueblo, en turnos fijados por el presidente de la Junta Vecinal y “a la espera de la llegada de personal técnico para recogerla”. Hasta las 13,30 horas del día siguiente, no se envió al lugar de los hechos a dos guardias segundos.La declaración del niño Enrique Álvarez Díez, de 7 años, no tiene desperdicio. “En el día de ayer [23 de agosto de 1948] le mandó su padre al campo a cuidar unas vacas en unión de una hermana de tres años, por la partida ‘El Cercado’, donde se encontró con un pastor llamado Isaías [en la declaración posterior se revela que tiene 15 años]. Que estando en el punto indicado el llamado Isaías vio en el suelo una bomba de mano diciéndole al manifestante que la cogiera, lo cual efectuó después de haber observado que la había pisado una oveja; estando un rato jugando con ella y cogiéndola también el Isaías en sus manos hasta que la tiraron al suelo y estuvieron pegándola con un palo y volviéndola a coger y dejar, llegando en este momento el vecino de Alija llamado Isidro Martínez Muñiz, quien les dijo que la dejaran en el suelo y no la volvieran a tocar”.

Las imprecisiones sobre el lugar donde fue hallada la granada se suceden a lo largo del resto de declaraciones ya que en un primer momento se habla de las proximidades de la casa del vecino que sufrió el intento de atraco, en otras en una finca de su propiedad y, finalmente, en el lugar donde el carpintero de Mancilleros fue retenido por Ramos cuando se dirigía a su casa. Lo cierto es que, alegando este último extremo, el juez instructor de la causa, el comandante de Infantería Baudilio Rojo Caminero, da por hecho que la bomba “debía ser propiedad del bandolero Ramos”, contra el que dicta auto de procesamiento “por considerarle presuntamente autor de un delito de intento de atraco a mano armada” y del que reconoce estar “declarado en rebeldía en infinidad de causa seguidas por este Juzgado”. Aún le seguiría alguna más.

La versión que ofrece Ramos sobre estos mismos hechos en su informe para el PC señala: “En Alija, el día 21 de agosto, fui a la casa de un falangista que hacía las listas de los de izquierda para imponerle multas. Cuando entré reaccionó mal y no le tiré porque estaba su mujer y dos niños pequeños”.

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daniel alvatorre