Las causas pendientes de Ramos (7)


El fallecido Emilio Prieto, en el centro, con empleados. La segunda por la izquierda es la cajera de La Revoltosa y el primero por la derecha es el dependiente que resultó herido. Gentileza de Rosa Canuria.

"Soy El Ramos y necesito dinero"

Dos días después de atraco frustrado de Alija de la Ribera y casi a la misma hora en que la Guardia Civil conocía el hallazgo de una granada en ese mismo pueblo, Ramos realizaba su acción más sonada desde su vuelta a España en 1945 y por la que quedaría anclado para siempre en la mitología de la posguerra en León: el asalto a la tienda de zapatos La Revoltosa y el asesinato de su propietario.

Pese a ser el hecho más conocido de Manuel Ramos en León, la causa que ha dejando pendiente en el archivo del Tribunal Militar del Ferrol, la 403/48 (gentileza de Secundino Serrano), no está encabezada por él. El nombre que figura en la portada es Emilio Prieto Malagón, de 58 años, propietario del citado establecimiento. La razón es tan sencilla como que cuando se abrió el sumario, el presunto autor de los hechos era aún un “individuo desconocido”. La incógnita sólo dura una página.

El atestado instruido la misma noche del 23 de agosto de 1948 da cuenta del ya archiconocido intento de atraco de Ramos a la tienda de calzados La Revoltosa, situada en el número 35 de la calle La Rúa de León, en pleno casco histórico de la ciudad, donde hoy día sigue abierta. Según el mismo, hacía las 21 horas de del referido 23 de agosto de 1948, Manuel Ramos entró en la tienda y se dirigió al despacho en el que se encontraba su dueño, con el que inició una discusión que acabó en un tiroteo del que resultó muerto Emilio Prieto y herido de gravedad el dependiente Ricardo Presa Prieto, de 19 años, cuando intentaba huir hacia la calle. Pese a la gravedad de su herida, que le dejó una bala alojada en la espalda, esa misma noche, Ricardo Presa prestó declaración en el sanatorio del doctor Eguiagaray, en el que permanecería ingresado durante dos semanas. En su testimonio, el dependiente revela que el autor del atraco, “un individuo de unos 32 años, grueso, moreno, con mucho vientre y vestido de traje color marrón”, se identificó él mismo diciendo: “Soy ‘El Ramos’ y necesito dinero”.

Además del fallecido Emilio Prieto y del dependiente herido, se encontraban en la tienda la cajera Consuelo González Álvarez, de 18 años, y el sobrino del propietario, Ángel Martínez Robles, que entonces tenía 16 años y que posteriormente ha conservado el negocio familiar que ha mantenido abierta hasta la actualidad la célebre zapatería. El testimonio de todos ellos compone un puzle que permite la siguiente aproximación a los hechos. Como ya venía siendo habitual en su forma de proceder, Ramos entró en el establecimiento cuando estaba a punto de cerrar y mostró un documento al dueño en el que le reclamó la entrega de 15.000 pesetas. Emilio Prieto se negó aduciendo que no tenía esa cantidad y que el negocio sobrevivía a base de créditos. Ramos le mando darse la vuelta para registrarlo y el comerciante se abalanzó sobre Ramos, que tras forcejear durante unos segundos, logró sacar una pistola y efectuar varios disparos que acabaron con la vida de Emilio Prieto. El dependiente, la cajera y el sobrino huyeron hacia la calle y el primero resultó herido como se ha señalado.

Gracias a la posterior inspección ocular de la Policía en la zapatería se encontraron varios orificios de bala “de escasa penetración, que deben haber sido hechos por arma de escasa potencia y algo descalibrada”, una linterna de petaca, unas esposas envueltas en papel de periódico y una pistola ametralladora de 9 milímetros Parabellum con la inscripción PMP y el número 878.

Sin embargo, esta no es el arma que mató a Prieto Malagón. Según los informes que obran en la causa 430/48, fue un revolver y, según el atestado de los forenses, disparado a quema ropa con la mano izquierda. El cuerpo del industrial presentaba cuatro impactos de bala: dos en el abdomen y otros dos en pecho. Uno de estos últimos le seccionó la arteria pulmonar y le provocó la hemorragia interna que acabó con su vida en pocos minutos. De hecho, como acredita el parte, ingreso cadáver en la casa de socorro. El cuerpo también presentaba un golpe en la frente producido, supuestamente, por la culata de una pistola.

La autopsia también revela que el finado llevaba en el bolsillo derecho del pantalón 3.690 pesetas, por cuya defensa perdió la vida. Ramos no se llevó nada ya que, como acredita en su declaración Ángel Martínez, que estaba “tramitando las operaciones de caja”, esta cantidad se corresponde con la recaudación de ese día en La Revoltosa.

Otro detalle al que la causa presta especial atención es a los momentos posteriores del tiroteo y a la petición de ayuda del sobrino del fallecido. Ángel Martínez testifica que salió a la calle a pedir auxilio y que, en un primer momento, nadie le socorrió. Tampoco nadie intentó detener al asesino. Ángel Martínez entró incluso en un bar próximo gritando “¡han matado a mi tío!” y la única respuesta que recibió fue: “¿Quién es tu tío?”. La Policía tomó declaración a una decena de personas vinculadas con estos últimos hechos, incluido un guardia urbano que se encontraba en las proximidades y que queda a disposición de la apertura de un posible expediente. Los agentes muestras un celo especial en conocer los motivos de la falta de respuesta ciudadana. Los declarantes reconocen que cundió el “nerviosismo” por “el temor a resultar agredidos”. Añaden que Ramos huyó por la calle La Rúa y General Lafuente, “algo apurado” y empuñando una pistola.

La última acción

La última acción conocida de Manuel Ramos en León se produce sin solución de continuidad con el atraco a La Revoltosa. Sólo una hora y 15 minutos después del tiroteo en la tienda de calzado del centro de León, disparó sobre el guardia urbano José Gallego Bueno, cuando tuvo la mala fortuna de encontrarse con él en las proximidades de la fábrica de luz del barrio de San Mamés. El agente quedó gravemente herido y fue el tercer ingresado de aquella tarde de agosto en el sanatorio del doctor José Eguiagaray, por entonces alcalde de la ciudad: el propietario de La Revoltosa, Emilio Prieto; su dependiente, Ricardo Presa, y el citado policía, José Gallego. Los tres llegaron al centro sanitario con un total de siete balas alojadas en el cuerpo, todas ellas salidas del cañón de Manuel Ramos, pero con resultados muy distintos: cadáver, el primero, y heridos de gravedad, los otros dos.

Sin embargo, la causa 404/48 contiene, sólo un día después del tiroteo, la declaración, aunque escueta, del agente herido. Según su testimonio, hacia las 22,15 horas del 23 de agosto de 1948, se dirigía desde su casa realizar la vigilancia nocturna a la que estaba destinado. Entre la citada fábrica de luz y la línea férrea de vía estrecha, que aún parte en dos el norte de la ciudad de León, vio a un individuo con una maleta. Cuando se acercó a él, recibió varios disparos “sin mediar palabra alguna”. Según el informe médico que obra en el sumario, esos disparos, efectuados por una pistola ametralladora del calibre 9, dejaron incrustadas sendas balas en el cuerpo de José Gallego. Una le atravesó el brazo izquierdo y quedó alojada en el pecho, afectándole a un pulmón, y la otra presentaba orificio de entrada por la axila izquierda sin orificio de salida.

La inspección posterior permitió a la Policía hallar en el lugar de los hechos una maleta de madera, desvencijada por la caída, que contenía 147 cartuchos de dinamita, “procedente de una mina de carbón de la provincia”, tres metros de mecha y dispositivo de disparo conectado a la cerradura. Es decir, un artefacto explosivo “preparado para cometer inmediatamente un acto de sabotaje”.

El agente urbano, que permaneció ingresado hasta el 26 de septiembre y contó con una convalecencia de dos meses, sólo pudo ver que el individuo que le había atacado huyó hacia la estación de tren de Matallana. Fue el último rastro de Ramos en León.

La versión que ofrece Manuel Ramos de este doble capítulo en su informe para el PC es la siguiente:

“El 23 de agosto fui a ver a Malagón [Emilio Prieto Malagón], dueño del comercio La Revoltosa. Le planteé que necesitaba dinero. En otra ocasión éste me había prometido darme dinero. Después de hablar con él un rato me dijo que nosotros no triunfaríamos. Yo le contesté que trabajábamos por eso. Cuando yo estaba hablando con él, la cajera le dijo: 'Pues se me parece a uno de la foto del agente'. En ese momento, Malagón se abalanzó sobre mí como con intención de detenerme. Yo haciendo esfuerzos logré sacar un revolver que llevaba encima. Le disparé matándole e hiriendo a un dependiente que se encontraba por allí. Los dependientes han hecho correr por León que la culpa fue del dueño que no me quiso atender cuando yo le hablaba con buenas maneras. Visto el fracaso me decidí a hacer volar la central eléctrica de León. Cuando me encontraba sacando la mecha de una maleta pasó por allí un cabo de los municipales [José Gallego Buena] y me preguntó qué era lo que llevaba en la maleta. Sacó la pistola como para detenerme y yo al ver esto le disparé 4 tiros al mismo vientre. Como se acercaban cuatro individuos corriendo yo me tire por un terraplén dejando la maleta. Después de esto me fui a ver a un socialista y le pedí dinero. Me dio 1.500 pesetas con las que pagué lo que debía y me vine a Francia”.

Tras este último estallido de violencia, con un muerto y dos heridos, así relató Ramos su paso a Francia, en el informe que consta en el Archivo Histórico del PCE en Madrid: ​

"Salí para Barcelona y fui a parar a casa de Julio Artigas. Cuando ví que aquí no me podían ayudar para pasar a Francia me marché a Zaragoza el día 1-10-48. Cogí en Zaragoza un car que me llevó hasta Pamplona, llegando de noche. De aquí pase la frontera el día 4 de octubre y llegué a Urepel [Francia] a las seis de la mañana de ese mismo día".

Como se ha señalado, hasta que esta revelación se dio a conocer en 2011, la única constancia de que Ramos hubiera vuelto a pasar a Francia era la que ofrecía su enlace Aquilino Bayón, exiliado en el país vecino. En cualquier caso, el paradero posterior de Manuel Ramos Rueda sigue siendo, a día de hoy, el mayor misterio de los que protagonizaron la lucha antifranquista en León.

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daniel alvatorre